Penas y Fortunas del Chancho

Más Dulce que el Amor Presenta: Tacto ✌

La amiga de una amiga le pidió que averiguara en el centro de asesoría sexual para adolescentes, sobre las pastas del día después. Gina fue con Natalia, su amiga a quién le solicitó preguntar por ella sobre dichas pastas. Natalia se acercó a la recepcionista y preguntó por “las pastillas abortivas”.

-¡Niña!- la reprendió la recepcionista. – ¡Aquí no vendemos esas pastas, se llaman del día después, entre y busque asesoría!

Sonrojada, Natalia entró con Gina, tomaron un turno y se sentaron en la sala.

Al cabo de unos minutos, un joven masticando chicle, las abordó y les contó su situación.

-Hola…- masticó chicle. – Soy Gerardo, mi novia no pudo venir por su trabajo y necesito urgente la pasta del día después. No me la entregan si supuestamente no viene ella. ¿Ustedes podrían hacerse pasar por mi novia?

Gina y Natalia contestaron que no, pero ante la insistencia de Gerardo, Natalia aceptó, además porque entre Gina y Natalia, quién ya había perdido la virginidad era Natalia.

Cuando los llamaron, Gerardo y Natalia se acercaron a psicología, Gerardo contó que había tenido relaciones sexuales con su novia ahí presente y que no se habían cuidado, por tal razón necesitaba las pastas.

Recibieron la asesoría correspondiente y el psicólogo dio el aval para que la enfermera jefe les suministra las pastillas.

Nuevamente en la sala, estaban a dos turnos de recibir las pastas, pero esta vez Natalia entraría sola al consultorio.

Cuando por fin fue el turno de Natalia, ingresó y con la enfermera nuevamente contó como presuntamente ocurrió todo pero agregó sin querer que tenía la regla. La enfermera terminó de escribir y acto seguido le pidió a Natalia que se quitará la ropa de la cintura para abajo.

Natalia perpleja y sin poder decir que no era ella, pues había mentido lo suficiente para que le abrieran un proceso judicial, fue al baño y arrancándose los cabellos, se colocó la bata como la enfermera le sugirió.

En la camilla y con las piernas abiertas, no sabía si reír o llorar, pues tuvo su primer tacto.

Terminada la consulta y sin nada de tacto, le arrojó las pastillas por la cara al muchacho seguido de una cachetada, lo miró y dijo:

-¡Llegue a su casa y espero que el siguiente tacto le duela más a su novia que a mí, pendejo!

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